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Nunca he sabido dibujar. No me atrevía ni a hacer un boceto por miedo a que la gente pensara que me las quería dar de artista. Ésta fue mi filosofía durante décadas. Yo también hacía caricaturas de mis profesores en clase, como todo el mundo. Pero no las rompían sino que guardaban mis dibujos cuidadosamente en la cartera... eso sí, me echaban de clase de todas formas. A los 16 años, en el instituto era obligatorio coger una asignatura de manualidades. Yo escogí "dibujo". Pero por alguna misteriosa razón, me gané un sopapo del rata de alcantarilla que nos daba clase. Mi afición por el dibujo se esfumó de un plumazo y me metí a clase de ebanistería.
¡Un desastre total!

Cuando empecé a pintar a finales de 1996, hacía bocetos de mis sujetos, sin detenerme demasiado en los detalles del dibujo base. Los detalles los conseguía más tarde con el pincel, con el que perfeccionaba mi boceto, tono tras tono, matiz tras matiz. Y por fin, un día cualquiera de 1997, una mujer encantadora me encargó un retrato suyo en acuarela. Casi lo había terminado cuando mi mujer me explica que "no, HB no es una marca como Caran d'Ache o Comté, es un valor, una graduación en una escala" .
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Por entonces yo era un ignorante de la materia, y aún hoy sé poco de la teoría. Esa misma noche, para apoyar sus palabras, mi mujer me deja un montón de lápices sobre mi escritorio: 5H, 4H... HB... 4B, 5B... Efectivamente, haciendo garabatos en una hoja de papel, comprobé que la diferencia entre ellos saltaba a la vista. El 5H es muy seco, duro y fino y escribe en un gris muy pálido. En el otro extremo de la gama tenemos el 5B, muy graso, blando y de un negro intenso. De inmediato sentí la necesidad de hacer un dibujo jugando con todas las posibilidades.
Como tenía la foto de dicha encantadora mujer sobre mi escritorio, empecé un retrato nuevo pero esta vez con mis lápices nuevos. Y he aquí mi primer intento, que data de noviembre de 1997. Los puristas podrán criticar que las sombras son demasiado fuertes y que los trazos demasiado agresivos. ¡Pero bueno! ¡Al fin y al cabo no es más que mi primer garabato! Así que os pido un poco de indulgencia... La hermosa retratada, Christine, me perdonó de mil amores haberle puesto algunos años de más.
Esto me recuerda a una mujer que vino a mi casa con la idea de encargarme el retrato de su perro y más adelante el suyo propio. Reparando en este mismo cuadro que estaba encima de una cómoda del salón, me soltó con cierto retintín :
"¡Ya veo que es usted el maestro de las arrugas!"
¡Nunca me encargó su propio retrato!... No logro entender por qué... 
Fuera por lo que fuera, este bello garabato me valió un buen número de encargos. Muchos retratos de niños, pero también de perros.
Jugueteaba con la idea de convertirme en el retratista de las elegantes mujeres parisinas. En mi opinión, estos retratos, trabajados siempre a lápiz, tienen más clase y elegancia que otros con otras técnicas. Pero me encontré con tres impedimentos principales :
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En primer lugar, la mayor parte de las veces a las mujeres no les gusta como salen en las fotos. Así que era harto difícil convencerlas para que se hicieran un retrato a partir de una foto.
En segundo lugar, en las fotografías, aunque las haga el mejor profesional, no se aprecian los tonos "H", los gris ligeros, únicamente los "B". En foto, mis retratos perdían todos los matices y lo más sofisticado de mi trabajo se perdía, lo que era realmente exasperante .
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Y por último, lo difícil que es hacer que un periodista entienda un mensaje doble. Cyrille Jubert pinta maravillosos cuadros de perros en acuarela y Cyrille Jubert hace retratos a lápiz de una gran elegancia. Dos mensajes lo emborronan todo y al final ninguno de los dos llega a su destino. Tenía que elegir y me decanté por "pintor de perros". Como las fotos de un cuadro tomadas por un profesional son muy caras, pasé por alto la mayoría de mis dibujos a lápiz y no guardé ninguna huella material. No obstante aquí os muestro algunos retratos de mi predilección. |